martes, 19 de mayo de 2026

GUAYASAMÍN Y LOS NIÑOS MUERTOS



El 28 de agosto de 1932 comenzó en Ecuador «la guerra de los cuatro días». En las elecciones presidenciales, Neptalí Bonifaz logró el triunfo. El partido gobernante, representante de las clases altas, maniobró en el Congreso y Bonifaz fue declarado incapacitado para asumir la presidencia. El motivo fue acusarlo de haber aceptado, en su juventud, la ciudadanía peruana. 

Bonifaz decidió defender el triunfo electoral y, apoyado por sectores minoritarios del ejército y una gran mayoría de obreros, intentó asumir. Hubo una dura represión y la lucha se extendió por las calles durante cuatro días. Al fin de la batalla, Bonifaz quedó fuera de la política y ambos sectores declararon: «no hay vencedores ni vencidos». Solamente dos mil personas muertas. 

Guayasamin es un adolescente cuando presencia estos sucesos. En ellos muere su mejor amigo, otro adolescente, en una manifestación. Años después, convertido en un potente artista de denuncia social, intensamente preocupado por los problemas humanos, la violencia, la pobreza y la injusticia, pinta lo que ha visto en 1932, representándolo con su cuadro «Los niños muertos», simbolizando con ellos a todos los inocentes que murieron inútilmente. 


El dolor convertido en imagen

En “Los niños muertos”, Guayasamín abandona cualquier idealización de la infancia. Los cuerpos aparecen rígidos, los rostros deformados por el sufrimiento y las manos tensas transmiten desesperación. La escena no busca belleza, sino conmoción.

El artista utiliza formas angulosas y colores oscuros para crear una atmósfera opresiva. Los tonos terrosos, los negros profundos y los rojos apagados remiten a la muerte, la violencia y el duelo colectivo.

Los niños dejan de ser solamente individuos concretos: se transforman en un símbolo universal de todas las víctimas inocentes de la violencia y la injusticia.


Guayasamín y la denuncia social

A lo largo de toda su obra, Oswaldo Guayasamín convirtió la pintura en un instrumento de denuncia. La pobreza, la opresión, el sufrimiento humano y las desigualdades de América Latina aparecen constantemente en sus cuadros.

“Los niños muertos” resume muchas de las preocupaciones que acompañaron al artista durante toda su vida: el dolor humano, la memoria de la violencia y la necesidad de no olvidar a las víctimas.


Una obra todavía vigente

Décadas después de haber sido pintada, “Los niños muertos” continúa conmoviendo por la intensidad de su mensaje. Guayasamín transforma una tragedia personal y nacional en una imagen universal sobre la violencia ejercida contra los más vulnerables.


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